Días de domingo en los que me encanta abrazarte
besarte y
comerte
mientras corres detrás de mí
para cogerme y
acabamos en la mesa de la cocina.
Se han convertido en días de domingo,
tumbada en mi cama o en el sofá
viendo películas donde somos los protagonistas
de un drama romántico donde,
muero por tenerte,
con la pequeña gran diferencia de que
morirás tú al verme en esa fiesta de verano
entrar por la puerta
vestida con tu falda favorita
y esos tacones con los que te hacían los ojos chiribitas.
Te mueres por decirme cuatro cursiladas con las que
crees,
que caeré a tus pies pero
aunque lleve tacones,
me mantengo en pie.

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