borramos letras
quitamos puntos
y escribimos comas.
Punto y final dije una vez,
punto y seguido sólo podíamos ver.
Creí en ese bonito final de película donde
se habla de muertes con flores
y besos
entre dolores.
Dolores de almas en pena,
añorando a su vida
en la misa.
Pero no,
éste fue un horrible final donde
tú te marchabas sin decir adiós,
ni siquiera hasta luego,
por lo que rompí la página
sin echar más lágrimas.
Era una tarde de verano
en la que yo llegaba de las clases
deseando cogerte entre mesa y sofá
y hacerte ver más allá de los exámenes.
Y ahora,
ha llegado el duro invierno
que es más frío cuando no estás tú
ni tus abrazos de oso polar
en el sillón acurrucados,
cuando me dices al oído
que no me vaya de tu lado
si no es para ponerme guapa como solía hacer.
Ponerme guapa para ti,
para pasear de tu mano perdida
en las calles de Madrid.

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